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viernes, 29 de junio de 2012

Estrés laboral y conductas poco saludables



Comer mal, beber y fumar más. Son tres señales inequívocas de que se sufre estrés en el lugar de trabajo que, si se alarga en el tiempo, puede causar problemas asociados a estos malos hábitos: sobrepeso, obesidad, hipertensión o problemas cardiovasculares, entre otros. Un estudio reciente, además, afirma que las mujeres estresadas son más propensas a los atracones. A partir de unos sencillos consejos que pretenden eludir las fuentes de estrés, la actitud individual es esencial para intentar poner freno a un problema que representa un alto gasto sanitario.
Las mujeres que sufren estrés laboral tienden a adquirir el hábito de comer por causas emocionales, como ansiedad o depresión, en lugar de hacerlo solo por hambre. Además, son más propensas a comer de forma descontrolada y a los atracones. Esta es una de las conclusiones de un estudio reciente que ha seguido a 230 mujeres de Finlandia. El principal motivo que provoca problemas con la comida -y, en consecuencia, sobrepeso u obesidad- es el estrés crónico y no los momentos puntuales de mucho trabajo, que generan situaciones temporales de estrés.
El 22% de las participantes en el trabajo padecía algún grado de agotamiento laboral y ello les provocaba comer a partir de las emociones y de manera descontrolada. En cambio, las mujeres sin cansancio al inicio del estudio, en un año, tendieron a comer cada vez menos de manera descontrolada. Aunque los investigadores aseguran que estos resultados no indican una relación directa entre el estrés y la obesidad, sí aseguran que el hecho de comer a partir de las emociones es un factor de riesgo potencial.
La "comida emocional" no se asocia con comer fruta o verduras, sino con optar por chocolate o una comida rápida. El trabajo, realizado por investigadores del Instituto Finlandés de Salud Laboral, se ha publicado en la revista 'American Journal of Clinical Nutrition'.
Los investigadores finlandeses señalan que la solución pasa por controlar la fuente de estrés, sobre todo, cuando se está expuesto de manera inevitable y crónica, como en el trabajo. Un buen hábito podría ser eliminar los tentempiés tipo bollería y repostería industrial, snacks salados o bolsas de chucherías, entre otros, o en caso de no poder evitarlo, cambiarlos por aperitivos saludables. Si a pesar de esto es difícil controlar el estrés, una buena solución puede ser salir a caminar en momentos determinados del día. Hacer deporte entre horas (en el tiempo de la comida) también podría ser un buen antídoto.

A largo plazo, el estrés puede provocar deterioro cognitivo
Un estudio publicado en 'Times' lanzaba varios consejos para poner freno a la necesidad de comer bajo la influencia del estrés. En él se citaba una de las necesidades de comer más habituales en el trabajo, la "automática". Uno de los mejores consejos sería, por tanto, el "comer consciente", es decir, desarrollar conductas de alimentación para darse cuenta de la cantidad que se come de más. Cuando uno come de forma automática, se pierde la noción de la cantidad que se ingiere, puesto que se hace sin pensar.

Otro consejo de los especialistas es elaborar una agenda para registrar los hábitos diarios alimentarios. Si se anota la hora del día en la que se realiza la ingesta excesiva y el estado anímico en ese momento, ambos datos pueden ayudar a reconocer si es hambre físico o emocional y, en este caso, los factores emocionales desencadenantes.

Consecuencias del estrés laboral
Según la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), las situaciones de estrés laboral pueden causar consecuencias negativas para la salud. Si bien el estrés intensifica la actividad del individuo e incrementa los recursos (atención, memoria y rendimiento) que aumentan su productividad, su cronificación agota y causa cansancio y pérdida de rendimiento. Asimismo, a largo plazo, el estrés puede provocar deterioro cognitivo.
Las prisas, la falta de tiempo o la tensión aumentan las conductas no saludables, y no solo por comer demasiado, sino por fumar o beber en exceso y reducir el tiempo dedicado a las conductas saludables, como hacer ejercicio físico, seguir una dieta o dormir de forma adecuada. Según afirman desde la SEAS, entre quienes ejercen profesiones altamente estresantes se registran tasas más altas de tabaquismo, alcoholismo y otras adicciones. Además, las personas obesas manifiestan mayores niveles de ansiedad.

Cinco consejos para controlar el estrés
Son muchos los consejos que ofrece la Sociedad para prevenir el estrés, más allá de seguir unos buenos hábitos alimenticios o practicar ejercicio. Descansar es uno de ellos: hay que garantizarse una época para las vacaciones, cuando termine la jornada, dejar el trabajo en la oficina, realizar actividades fuera del trabajo y dormir bien. Una buena organización del trabajo también es importante: establecer horarios fijos, no llegar tarde a las citas o saber seleccionar las actividades más importantes.
Respecto a la toma de decisiones, es recomendable no dejar pasar los problemas, sino analizar bien la forma de afrontarlos (planteamiento, análisis de alternativas, elección de la solución menos mala), sin volver atrás y darle demasiadas vueltas. Hay que aprender a relativizar los problemas y analizarlos de manera objetiva, para no dramatizar y poder actuar con naturalidad. Reforzar la autoestima y las relaciones sociales y, si se hace necesario, realizar entrenamiento específico en técnicas de control de ansiedad y estrés, son otras soluciones.

Ref: http://www.consumer.es/web/es/salud/psicologia/2012/04/30/209053.php
Foto: http://www.google.es/imgres?hl=es&sa=X&biw=1360&bih=624&tbm=isch&prmd=imvnsbl&tbnid=bEGOI4wmZ14IGM:&imgrefurl=http://www.gruponatanael.es/cms/%3Fp%3D419&docid=N6Cr2xF-k9kf3M&imgurl=http://www.gruponatanael.es/cms/wp-content/uploads/2011/02/estres-laboraaaaal.jpg&w=410&h=305&ei=HtrNT-yfMcjMhAe4uPXvCw&zoom=1&iact=hc&vpx=491&vpy=176&dur=4889&hovh=194&hovw=260&tx=130&ty=122&sig=110259869625684178058&page=1&tbnh=116&tbnw=155&start=0&ndsp=21&ved=1t:429,r:2,s:0,i:101

miércoles, 27 de junio de 2012

Los alimentos que más alergias provocan


Los alimentos más alergénicos entre la población infantil son leche de vaca, huevo y pescados, mientras que frutas como melocotón, manzana, melón y kiwi afectan más a los adultos


Las alergias alimentarias son un problema creciente entre la población. Su incidencia depende de la edad del individuo, si bien afectan de manera especial a niños (en particular desde el nacimiento hasta los dos años y medio), escolares y jóvenes. Entre los alimentos más consumidos por la población española, según el estudio EuroPrevall, los más alergénicos entre la población infantil son la leche de vaca, el huevo y los pescados, mientras que algunas frutas (melocotón, manzana, melón y kiwi) y frutos secos causan más alergias en la población adulta. EuroPrevall es un proyecto de investigación multidisciplinar de proyección, sobre todo europea, que evalúa el costo de la prevalencia y la base de la alergia en los alimentos en Europa.
La lista de alimentos alergénicos parece incrementarse. Desde EuroPrevall, los alimentos utilizados en las pruebas alérgicas para los análisis serológicos de la IgE (inmunoglobulina E) específica se clasifican en tres grupos, por orden de prioridad. Los del grupo 1 son los más problemáticos, ya que están relacionados con el mayor número de afectados. Según este criterio, los alimentos del primer grupo considerados más alergénicos son: huevo, leche de vaca, pescado, gambas, cacahuetes o maní, avellanas, manzana, melocotón y apio-nabo.
En el segundo grupo se incluyen el kiwi, la mostaza, el sésamo, la soja, la nuez y el trigo. El tercer grupo está integrado por las pipas de girasol, el alforfón o trigo sarraceno (un seudocereal), el plátano, la zanahoria, el maíz, las lentejas, el melón, las semillas de amapola (muy usadas en la elaboración de panes y repostería en países de Centroeuropa) y el tomate.
Muchos de los alérgenos pasan inadvertidos al consumidor, ya que están enmascarados (o no contemplados) en la etiqueta en forma de aditivos
En este listado figuran alimentos que forman parte de la dieta habitual de gran parte de la sociedad española. Muchos de ellos, en principio fáciles de identificar en los menús cotidianos, pueden pasar inadvertidos al estar enmascarados (o no contemplados) en la etiqueta de los alimentos procesados, en forma de aditivos espesantes, emulgentes, estabilizantes o aromas. También sucede que platos cocinados en los restaurantes o en las casas de amigos y familiares, a priori inofensivos, contienen ingredientes peligrosos para quienes tienen una alergia alimentaria.
Bajo nombres tan simples como una menestra de verduras (espesada con harina de trigo, que puede ser causa de alergia), una macedonia de fruta fresca (que lleva nata como elemento decorativo y puede causar alergia en quien no acepta la leche) o una ensalada verde y roja, se esconde una lista de ingredientes original, que solo el personal de cocina conoce con seguridad. De ahí la necesidad de que el cliente informe al servicio de camareros sobre los alimentos que le causan alergia con el fin de que garanticen la información precisa sobre los ingredientes de cada plato.
Las últimas investigaciones mantienen que la alergia a los alimentos se puede superar a edades tempranas. La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) propone una pauta, la inmunoterapia oral con alimentos o "desensibilización oral", que ha demostrado ser segura con la leche de vaca y el huevo. Según la sociedad médica, se alcanza una tasa de éxito superior al 80%. La terapia consiste en administrar cantidades crecientes (de forma progresiva) del alérgeno (alimento o fracciones del mismo), con el fin de modular la respuesta inmunitaria para inducir la tolerancia frente a esos alimentos. En concreto, se ha probado la tolerancia con la leche y el huevo entre niños.
En el Simposio Internacional de Alergia Alimentaria, Paloma Ibañez, jefa de Sección de Alergología del Hospital Niño Jesús de Madrid, explicó cómo en los protocolos de inmunoterapia con leche y huevo que suelen realizar los grupos de investigación españoles, "el objetivo es que los pacientes toleren al menos la cantidad de un ración de alimento normal para su edad; un vaso de leche o un huevo entero".
En el caso de probar la tolerancia a la leche de vaca, el niño recibe dosis controladas de esta, que se aumentan de forma progresiva (2 ml, 5 ml, 10 ml, 25 ml, 50 ml, 100 ml, y 150 ml) a intervalos de 60 minutos y siempre bajo supervisión médica, durante uno, dos o tres días. Si el menor no muestra ningún tipo de reacción clínica, se mantiene la proporción de proteínas lácteas a diario durante los 15 días posteriores a la prueba de tolerancia. Pasado ese tiempo, si no ha experimentado reacción alérgica, se puede considerar que el niño ya tolera las proteínas de leche de vaca.
Desde la sociedad médica informan que estudios de grupos españoles han desarrollado protocolos de inmunoterapia por vía sublingual con avellana y al alérgeno mayor del melocotón (Pru p3). En ambos estudios, tras la administración por vía sublingual de extractos de estos alimentos durante unos meses, se conseguía que los pacientes tolerasen más cantidad del alimento que antes de haberse sometido al tratamiento.

http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/enfermedad/2012/04/25/209008.php
Foto: http://salud.com.es/alergias-e-intolerancias-alimentarias.html

martes, 26 de junio de 2012

Cuidado de Enfermedad vs Cuidado de Salud

No es de extrañar que mientras los gastos de cuidado sanitario para luchar contra enfermedades suben cada vez más, lo único que el gobierno puede hacer es buscar formas de pagarlo. Imagínese si este dinero se invirtiera para educar el público, poner impuestos más altos para alimentos poco saludables, y dar ayudas para la producción/compra de comida sana. Imagine dirigir los recursos hacia la promoción de la salud en vez de pagar por malas elecciones de salud...

lunes, 25 de junio de 2012

¿Porqué los síntomas no son un barómetro de salud?

Miles de estadounidenses mueren cada año a consecuencia de ataques al corazón, y el ataque fue su primer síntoma de enfermedad. Estadísticamente, en el 40% de los casos de ataques fatales al corazón en la población masculina, el ataque fue el primer síntoma de enfermedad.

Piénsalo… Seguro que conoces a alguien que se encontraba perfectamente, se hizo una citología, una mamografía o una radiografía pectoral y unos días más tarde recibió una mala noticia. El cáncer no se desarrolla en un par de días. ¿Conoces a alguien que padezca diabetes? Siempre que reciba la cantidad adecuada de insulina no mostrará ningún síntoma y se encontrará perfectamente. Mientras, la enfermedad sigue causando estragos en su cuerpo produciendo, con el tiempo, problemas circulatorios, desórdenes en el sistema nervioso, daños en los riñones e incluso ceguera.

No puedes esperar a que aparezcan los síntomas para decidirte a mantener o recuperar la salud, ya que ¡podría ser demasiado tarde!
Entonces, ¿cómo sabemos si estamos sanos? Solo estaremos sanos cuando todas las partes de nuestro cuerpo estén funcionando al 100% y para eso, hace falta que el sistema nervioso esté libre de interferencias, sin subluxaciones.
Asegúrate de que tú y los tuyos no sufrís de subluxaciones y llama a tu quiropráctico.

http://www.echevestequiropractica.com/pdf/8sintomas.pdf

viernes, 22 de junio de 2012

Dormir la siesta: muchas ventajas para los niños


Dormir la siesta tiene múltiples ventajas, en especial, para los niños pequeños. Es tan beneficiosa para los menores de tres años que los expertos en la materia se refieren a ella como un hábito imprescindible. En ese descanso -que no debe extenderse demasiado-, los pequeños reponen fuerzas, mejoran el aprendizaje y la memoria a corto plazo. Distintas investigaciones apuntan que esta pausa es fundamental para reactivar el cuerpo y la mente, fijar los conocimientos aprendidos durante el día y distinguir lo que es importante de lo que no lo es. Además, y en contra de la creencia popular, ayuda a que se concilie mejor el sueño por las noches.
Dormir la siesta durante la infancia es fundamental, sobre todo en los tres primeros años de vida. En este periodo, el niño adquiere las bases necesarias para aprender de forma adecuada nuevos conocimientos y relacionarse con el mundo que le rodea. Así lo certifican investigadores del departamento de Psicología de la Universidad de Arizona, en EE.UU., que concluyen que las siestas son una parte integral del aprendizaje de los más pequeños.
Más allá de aliviar el cansancio, el sueño facilita el almacenamiento de la memoria a corto plazo y deja espacio para nueva información. En los niños de uno a tres años, además, una siesta durante el día aumenta las posibilidades de alcanzar un nivel avanzado para discernir lo importante de lo irrelevante. Ésta es una de las conclusiones que se desprenden de un reciente estudio presentado en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAC). En él, los investigadores analizaron las respuestas (mediante expresiones faciales) de niños de 15 meses de ambos sexos ante frases que habían oído con anterioridad, tras dormir o no unas horas.
Los niños que durmieron una siesta aprendieron una oración o las relaciones entre diferentes frases. Por el contrario, quienes no durmieron no reconocieron las frases que habían escuchado antes. Los pequeños que dormitaron fueron capaces de generalizar su conocimiento de la estructura de la oración y predecir una nueva frase. Esto sugiere que la siesta favorece el aprendizaje abstracto, es decir, la capacidad de detectar el patrón general de una nueva información (después de una frase, viene otra).
Si bien es conocida la importancia de estimular a lactantes y niños pequeños mediante la lectura o la música, también es conveniente hablarles y exponerles a un amplio abanico de palabras. Estos estímulos deben llevarse a cabo, según los científicos, en un contexto bien regulado en el ciclo diario. Los investigadores aseguran que su trabajo es la primera demostración de que los niños, como los adultos, necesitan dormir para transformar el conocimiento en pensamientos abstractos.
Además de estos beneficios neurocognitivos, las siestas proporcionan el tiempo de descanso necesario para reponer fuerzas en esta etapa de acelerado desarrollo físico e intelectual. También ayuda a que los pequeños no lleguen a estados exagerados de agotamiento y tengan dificultades para dormir por la noche. Se ha confirmado que la siesta en la infancia reduce la hiperactividad y la ansiedad en los niños.

Las horas de sueño se reducen a medida que los pequeños crecen: un recién nacido puede dormir de 16 a 20 horas, mientras que a partir del año (y hasta los tres), los bebés duermen entre 10 y 13 horas. Estas necesidades no deben infravalorarse. La siesta diaria es imprescindible en determinadas franjas horarias. Cuando las horas necesarias no se cubren, los más pequeños pueden mostrar signos evidentes de fatiga o, incluso, problemas más sutiles que afectan al comportamiento y al rendimiento escolar.

Ref: http://www.consumer.es/web/es/bebe/bebes/sueno/2012/05/10/209377.php